sábado, 27 de septiembre de 2014

Alergia contra la manzana (Ejemplo de curación)

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Una paciente de 12 años estaba sentada en la cocina con su madre que pelaba y cortaba las manzanas. Esto sucedió hace 20 años. En eso, la tía entró por la puerta. La tía era vecina de la casa del costado. El jardín de ambas casas familiares estaban unidas mediante una puerta abierta. Se puso en el umbral de la puerta y dijo: Liesbeth, tú has robado nuestras peras, ya te han visto.

Liesbeth dijo: “Yo ni siquiera sabía que vosotros tenéis un árbol de peras en vuestro jardín. Y, en absoluto, ¿por qué yo haría algo así, robaros vuestras peras?

La madre preguntó en presencia de la tía: “¿Has robado las peras del jardín?

Liesbeth: “Mamá, no, con seguridad que no.”

Entonces la madre calmada le dijo a su hermana: “Lisbeth no miente, por tanto ella no ha robado ninguna pera.

Y entonces continuó pelando y cortando las manzanas.

Cuando la paciente salió la tía la detiene y le dice: “Tú sí has robado las peras. Te han visto.

A partir de aquél día, la paciente no habló más palabra alguna con la tía. Cuando ella estaba delante de la casa, ella buscaba otro camino para evitar acercársela, porque en realidad ella no había robado las peras. Pero desde aquel bendito día ella tuvo una alergia contra las manzanas (porque la madre había estado pelando y cortando manzanas y ella había comido manzanas). Cada vez que ella comía algo que tuviera que ver con manzanas, como tarta de manzanas, zumo de manzanas, etc., etc., aparecía un eccema (dermatitis) en la boca y alrededor de la boca. Pasaron años, ella ya había olvidado la historia, y la tía ya había fallecido hace 14 años. Y cuando llegó a conocer la Nueva Medicina Germánica, se esforzó por descubrir qué había pasado con lo de las manzanas.

Durante mucho tiempo no logró dar con la causa, porque el tema con la tía se trataba de peras por lo que no podía haber tenido alergia contra las cáscaras pacíficas de la manzanas, o pedazos de manzanas o comer manzanas de aquella vez en la cocina.

Pero finalmente se dio cuenta que el caso tenía que ser resuelto en forma asociativa como si fuera un juego de rompecabezas. Y por supuesto que esto tenía que ser así... Después que lo descubrió hizo una prueba demostrativa: Ella comió tarta de manzana y además una manzana entera. ¡Pero ya no pasó nada más!

Fuente:
Capítulo 8 del libro "SIDA – La enfermedad que no existe"
por el Dr. med. Mag. theol. Ryke Geerd Hamer


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