viernes, 20 de mayo de 2016

Testimonio: Cáncer de páncreas - Cuidado con la morfina

Un caso que lamentablemente terminó trágicamente: Una clienta antigua me llamó y preguntó si podría ayudar a su hermana. Ella tenía cáncer de páncreas. ¡Los médicos le habían dicho que se prepare a morir pronto!

Como siempre le aclaré que ni yo, ni nadie puede sanar a nadie. Únicamente uno mismo puede sanarse. Pero puedo intentar encontrar los conflictos biológicos causantes y suavizar las epicrisis.

Exactamente eso era lo que ella quería, fue su respuesta: "Si nosotros (los miembros de la familia) podemos ayudar, avísenos. Ayudaremos donde podamos". Estas son las condiciones ideales (pensé yo).

En las tablas del Dr. Hamer dice bajo tronco cerebral = endodermo Nr. 18:
Carcinoma de páncreas: Conflicto de contrariedad-miedo con miembros familiares. "Lucha por el bocado". Conflicto de herencia.

¡Gracias al Dr. Hamer, que nos ha dado un sistema perfecto!

Sabía que la mujer había perdido a su esposo hace 6 meses de manera trágica. Este conflicto debería ser resuelto fácilmente. ¡Pero no, tan fácil no funcionan las cosas!

Cuando la mujer vino a mí en enero de 1997, sus palabras fueron: "No sé si Ud. me podrá ayudar. La doctora me ha dicho que solo tengo dos semanas de vida." ¡Vaya! Me dieron ganas de ... a la doctora. Pero esto no lo diremos.

No puedo cargar a esta pobre mujer aun con más vivencias psicológicas chocantes , etc. Sus pensamientos dan vueltas solo en esas dos semanas de vida.
Le pregunté que es lo más difícil en estos momentos. "Los dolores en el estómago y la debilidad. No puedo ni siquiera pasear por el jardín. "

Trabajamos juntos "mi programa del dolor" y probamos aun los signos Körbler.

Telefónicamente se aclaró el asunto. La muerte del marido de la paciente no condujo a pleitos por la herencia. Todo funcionó armónicamente -para la paciente más que positivo. Pero poco antes de la muerte del esposo murió un tío. Allí apareció una gran crisis. La familia se peleó por la herencia. Ellos se reconciliaron durante el entierro del segundo caso de muerte.

¿Qué pasó?

El tío tenía una figura de madera que siempre le había gustado a mi cliente. Cuando el tío visitó a su sobrina le mostró en un estante y le dijo que allí sería un mejor lugar para la figura que donde él. El tío sonrió como siempre en estos  temas y le prometió que ella recibiría la figura cuando fallezca. Cuando él falleció, nadie quiso reconocer lo que se había quedado. La mujer me contó después que eso le había afectado mucho, y que siempre tenía que pensar en la figura.

Tales pequeñeces pueden tener efectos devastadores cuando alcanzan a la persona como en un schock.

Por supuesto la mujer logró obtener ahora la figura de madera.

Ella empezó a visitar mi consultorio cada dos días y se alegraba cuando cada vez, aunque lento, recuperaba sus fuerzas. En eso sucede un percance. Aquella doctora a quien la paciente visitaba regularmente le dio una inyección de morfina. Que le aliviaría a la paciente.

¡Ahora no entrar en pánico! Aclararle con mucho cuidado que la morfina no es lo mejor en estos momentos. Gracias a Dios ella comprendió. Este acto necio lo sobrevivió. Las dos semanas según el pronóstico pasaron. En marzo pensó ella que siente que todo va a salir bien. Su hija quería llevarla 14 días a isla La Gran Canaria (para mí eso significa: dos semanas lejos de la doctora). Ella quería de mí la seguridad que ella estuviera en la capacidad de viajar. ¡Ahora usaremos el placebo!

Me parece una excelente idea. Porque especialmente en Gran Canaria hay un buen clima para la enfermedad. Eso lo había escuchado...

Pasó maravillosas semanas en Gran Canaria. Gozó ser engreída y evitó el sol directo como le había aconsejado. Poco después comenzó a realizar pequeñas actividades caseras y en especial disfrutar en su jardín.
Cada semana venía la doctora que la observaba bien -según la paciente- y le preguntaba: "¿Estás más o menos bien?"

Sorpresivamente vino la muerte de esposo de la hija. Vino un tiempo difícil con el que ella pudo lidiar.

Ella estaba muy cansada y se quejaba mucho de "dolor de estómago". Entonces en mayo de 1997 viajó con su hija por cuatro semanas a Graubünden. Hablábamos por teléfono. Siempre podía tranquilizarla cuando me contaba sobre sus síntomas como mareos, presión en la cabeza, dolor estomacal y cansancio. Mientras tanto ella ya podía hacer pequeñas caminatas. Mi oferta fue que iría a Graubünden en caso que ella necesitara ayuda. Esto la tranquilizaba. Su petición de que pudiera llamarme cuando regresara a casa la accedí por supuesto. 24 horas al día estoy disponible, incluso en los fines de semanas, pues yo tenía tiempo de todas maneras.

Después sucedió lo que no creí posible. Durante 10 días no escuché nada de ella. Uno de sus sobrinos estuvo conmigo debido a una alergia. Le pregunté a él sobre el estado de su tía. Su reacción: "¡Mejor no pregunte!"

¿Qué había pasado?

La madre  y la hija vinieron en un sábado a mediados de junio desde Graubünden.
Nuestra paciente había tenido esa noche fuertes calambres en el vientre. El domingo por la mañana ella quería llamarme, como habíamos quedado. Pero la hija estuvo en contra. "¡El domingo no podemos molestarlo! ¡Ya lo hemos llamado demasiado en estos días! ¡Tienes una cita para el próximo jueves! Además la doctora tiene, por suerte, servicio dominical. La llamaremos".

Vino la doctora. Los dolores son el inicio del final. Pero la pobre paciente no necesita sufrir, pues tenemos buenos medicamentos. Desde allí la paciente recibió a diario inyecciones de morfina. Esto no lo sobrevive ni siquiera un paciente sano. Después de dos semanas ella murió. ¡Pude haber llorado a mares!

            Naturópata Hans Josef Schuster, Lindau, Alemania.
           
Testimonio tomado del artículo:
Meine Praxiserfahrung mit der Neuen Medizin von Dr. Ryke Geerd Hamer,

1 comentario:

  1. A la doctora que le inyectó morfina, hay que meterla presa

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