miércoles, 14 de enero de 2015

Testimonio: Cáncer de Colon

"Gracias a Dios que me pude  desenredar de los engranajes de la medicina convencional justo a tiempo"


El de 22 de diciembre de 1989 fui llevada al hospital con un severo dolor de estómago y alta fiebre (39.5°C/103.1 F). Luego de una revisión en la ambulancia se sospechaba que fuera  peritonitis.

Como mi estómago estaba muy hinchado - especialmente del lado derecho - decidieron llevarme a la unidad quirúrgica. Enseguida me vino un mal presentimiento sobre esto ya que me hubiese gustado más terminar en la sala de Medicina Interna.

Me pasaron suero - alternando entre antibióticos y solución salina - que totalizó 30 botellas grandes en 8 días. Por dos días tuve terribles dolores de cabeza y exigí que me pusieran hielo en la cabeza y abdomen. En ese momento fue que mi fiebre comenzó a bajar a  36°C / 96.8 F. Como si yo fuera una persona "desesperadamente" enferma - y así era exactamente como me sentía - fui transferida una vez más a otra sala. La multitud usual de pruebas y hasta un ultrasonido siguieron. Ahora me daban comida de astronauta.

Fue en la noche del 24 de diciembre - Navidad alemana- que mi verdadera pesadilla comenzó. El doctor a cargo de la sala entró y me dijo que tenía divertículos en mi colon. Como se supone que los mismos son un caso de vida o muerte, tenía que ser operada inmediatamente y una porción de mi colon tendría que ser removida.

Este diagnóstico me ocasionó un gran shock. Me puse terriblemente agitada, tenía las manos heladas y extrema ansiedad acerca de perder mi vida. Le dije a la doctora que no permitiría que me operara tan bruscamente, y ella me contestó que esa decisión podía costarme la vida; el colon podría explotar e infectar todo mi abdomen. A pesar de mi estado de pánico, le dije que ese sería mi riesgo a tomar y que no era su problema.

Luego, el jefe de Cirugía vino a mí y me dijo, ¿"Por qué no confías en un doctor viejo como yo - realmente ¿quieres desaparecer?"  Cuando le contesté por la negativa, él dijo, "ciertamente que eso es lo que me parece. Pero voy a decidir hacer lo correcto por ti; probablemente tu hermano será más razonable que tu". Le dije que sería solamente yo quien decidiría que era lo mejor para mi cuerpo y nadie más.

El día de Navidad, un asistente médico me visitó y me informó que era necesario realizar algunas placas de rayos X y exámenes de sangre adicionales. Después de eso seguramente me iba a poder volver a casa pronto. Yo estaba asombrada por el repentino cambio en los acontecimientos.

Luego de las vacaciones hicieron otro ultrasonido de mi colon con el resultado que la hinchazón había bajado. Durante todo este tiempo yo había meditado y visualizado las paredes de mi colon sanas y enteras y que el tracto intestinal estaría funcionando perfecto otra vez. Esto, de hecho, fue lo que sucedió.

En dónde rayos está esa cosa maléfica? - se preguntaban a sí mismos. Sin embargo, los divertículos se habían ido, y mi colon había retomado su función completamente pero eso no era suficiente para ellos. 


Los doctores no podían encontrar una explicación, sin embargo continuaban investigando - esta vez se trataba de un virus. ¿En dónde rayos está esa cosa maléfica? - se preguntaban a sí mismos. Sin embargo, los divertículos se habían ido, y mi colon había retomado su función completamente pero eso no era suficiente para ellos. Antes de fin de año tenía que sacarme otra radiografía del colon, pero esta vez con un marcado contraste. Cuando yo llegué al departamento de Rayos X ¡ellos querían radiografiar mis riñones! Cuando intenté explicarles la equivocación que cometían, me dijeron que todo estaba como debía ser ya que ellos siempre realizaban eso antes de una operación grande.

¡¿Qué operación?! Yo acababa de recibir otro shock grande. Blanca como un papel y con mis manos heladas, corrí hacia mi habitación. Sin embargo, luego de una hora les permití que revisaran mi colon otra vez.

El doctor de rayos X era calmo y amistoso. Él dijo que tampoco permitiría que cualquiera lo operase y que no encontraba razón para que me operasen de todos modos. Me mostró las placas  de rayos X y me aseguró que mi colon estaba bien. A pesar que me sentía más tranquila por esto, no podía soportar más todo eso.

El día de Año Nuevo, la doctora a cargo de la sala me informó que habían descubierto un pólipo en la cicatriz de mi apéndice y que ahora debían hacer una biopsia. Otra vez más sufrí un shock y pánico, pero esta vez, rechacé pruebas o exámenes adicionales.

El 3 de enero por lo menos diez doctores me atendieron en sus visitas diarias. El jefe de Cirugía entró a la sala, me señaló y dijo "¡No voy a hablar contigo! Solo voy a consultar con tu hermano quien espero que vea la situación con una luz más razonable".

"Mira, yo te quiero ayudar. Tienes un tumor maligno aquí, y continúa creciendo". "Puede crecer y volverse más grande en los próximos tres meses; en tres años tú podrías regresar llena de metástasis, pero para ese momento ¡yo no podré hacer nada por ti!"

No obstante él se sentó en mi cama más tarde, me tomó la mano, volvió su dedo hacia mí, y me dijo implorándome: "Mira, yo te quiero ayudar. Tienes un tumor maligno aquí, y continúa creciendo". "Puede crecer y volverse más grande en los próximos tres meses; en tres años tú podrías regresar llena de metástasis, pero para ese momento ¡yo no podré hacer nada por ti!"

Yo le contesté que veía todo esto con otra luz; que yo tenía un punto de vista diferente y una manera de pensar distinta. Yo le hablé sobre "conflictos", y que yo sabía que había aceptado mis problemas y que tenía que cambiar mi vida por completo. El no quería saber nada de este tipo de cosas y groseramente respondió, "¡Tonterías! Eso no tiene nada que ver con tu condición. Así que piensa cuidadosamente de nuevo - después de todo, ¡eres muy joven todavía!"

"En todos mis 40 años de médico, ¡jamás me encontré con una paciente tan irracional como tú!!"


Cuando se paró, él añadió en un tono de voz indignado, "En todos mis 40 años de médico, ¡jamás me encontré con una paciente tan irracional como tú!!"

Cuando le conteste en tono desafiante que no tenía miedo al cáncer porque el cáncer es una enfermedad del alma, y que uno debe resolver sus propios problemas para volverse a curar - él parecía sorprendido y a la vez algo resignado.

Le agradecí igual por haberme hecho sentir "bien" otra vez, pero reaccionó de manera enérgica con las palabras, "¡Tu no estás sana de nuevo! ¡Te estás destruyendo a ti misma!"

A lo que yo rebatí con, "Muy por el contrario doctor, ¡yo quiero vivir!"

Cuando le pedí por favor que me diera las placas de rayos X y los resultados de las pruebas él rechazó mi requerimiento diciendo que las placas de rayos X eran propiedad de la clínica. Solo mi médico personal podía solicitarlas.

Como consecuencia, decidí ir por las mías al doctor de rayos X que había sido tan amable conmigo antes. Yo sostenía un extracto de un artículo legal debajo de su nariz y le insinué que mi abogado podía obtener las placas de rayos X para mí si yo no las podía obtener de él. Me las entregó sin oponerse.

El 8 de enero de 1990, fui dada de alta por mi propio consentimiento, pero no sin antes hacerme firmar el siguiente documento que habían preparado:

"He sido informada acerca de los resultados de mis exámenes de rayos X de colon. El carácter maligno o benigno del tumor en la parte derecha del colon solo puede ser establecido a través de una biopsia. Por medio de la presente yo declino a que el tumor sea removido en el curso de una colonoscopía. Me han explicado las consecuencias, esto es la posibilidad de que sea maligno."  

Entonces, en ese mismo documento establecí por qué había decidido actuar de esa manera y no de otra.

Aunque debo admitir que yo no tenía un buen conocimiento de la Nueva Medicina Germánica por ese entonces, - siendo ésta la razón principal por la que los doctores pudieron instilar tal pánico en mí - yo ya confiaba en el concepto de la Nueva Medicina Germánica mucho más que en el de la medicina convencional.

Después que me dieron el alta en el hospital, decidí hacerme otra tomografía computada en una clínica radiológica privada - sin explicarles a ellos sobre mi caso.

El resultado de su evaluación establecía: "…no hay tumores o procesos inflamatorios."

Me estremezco al pensar lo que me podría haber pasado si yo no hubiese conocido acerca de la Nueva Medicina Germánica por ese entonces; o, si no hubiese tenido el coraje de dejar el hospital por mi propio consentimiento. Me entristece profundamente lo que pasaba y sigue pasando con otros pacientes en mi situación y cuántos pacientes se vuelven realmente enfermos y hasta mueren - ¡a causa de un choque por el diagnóstico!

Gracias a Dios que me pude  desenredar de los engranajes de la medicina convencional justo a tiempo. Debo admitir que no fue fácil escapar del cuchillo del cirujano. ¡Que afortunada que soy por haber sabido más y mejor!

A juzgar por mi horrible experiencia, solo puedo sugerirle a todos los demás que aprendan más sobre la Nueva Medicina Germánica - con profundidad, y a tiempo! Porque no es suficiente saber un poco o haber escuchado algo o haber leído algún artículo aislado sobre la NMG.

Fuente: http://learninggnm.com/documents/tumor_de_colon___hoffmann.html

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